Configura el azul, o el color que elijas, para señalar platos con proteína suficiente según tu objetivo. Incluye atajos para duplicar porciones los días de fuerza, y plantillas con gramajes aproximados por receta. Si compras preparado, añade en notas la fuente y calidad. Cuando una jornada luzca pobre en azul, reubica colaciones ricas en proteína, como yogur griego, tofu marinado o legumbres, sin romper tu flujo semanal ni presupuesto.
Usa amarillos y naranjas para diferenciar carbohidratos complejos de opciones rápidas. Sitúa los complejos antes de sesiones demandantes y reserva porciones pequeñas de azúcares simples para recuperaciones específicas. Ajusta colores si estás en ciclado de carbohidratos. Integra recordatorios de hidratación y electrolitos cuando la carga sea alta. Observa, al mirar la semana, si los picos coinciden con tu rendimiento; si no, desplaza bloques y prueba combinaciones sin perder constancia.
Marca con violeta, u otro tono consistente, las fuentes de grasas de calidad: aguacate, aceite de oliva, frutos secos, semillas. Evita solaparlas en múltiples platos del mismo día sin intención. Agrega notas con medidas realistas, como cucharadas o gramos por persona. Si buscas déficit calórico, controla acumulaciones invisibles, como aderezos duplicados. Revisa el balance semanal: tal vez un ajuste pequeño en cenas resuelva saciedad y energía matutina sin alterar sabor.
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